En seis días se dice que Dios hizo el mundo y en el séptimo, Río de Janeiro. Un lugar del que Rafael Nadal pudo disfrutar últimamente; tanto de sus maravillosos paisajes como de la estatua del cristo de Corcovado. El panorama era celestial, pero que lo sea el suyo propio es algo en lo que difieren las opiniones en la actualidad.
Nadal regresa a la gira mundial en le recién creado torneo 500 de Copacabana, y cómo lleva el dolor de su espalda es la gran pregunta. Desde su derrota en la final del Abierto de Australia, donde perdió ante Wawrinka a finales de enero, no volvió a disputar ningún partido. El número uno del mundo había dejado atrás una gran oportunidad de sumar un trofeo más a sus 13 de Grand Slam y así igualar a Pete Sampras. Algo que Nadal ya tenía claro: "no siempre tendré estas oportunidades, pues tienen fecha de caducidad." Y que la suya desaparecerá tarde o temprano, lo sabe cualquier profesional y especializado de este deporte. ¿Desde cuándo? Desde sus lesiones en las rodillas. Pero era la primera vez que oficialmente la culpable de todo era su espalda (otra parte del cuerpo muy machacada en un tenista). Nadal hizo todo lo posible para recuperarse y con ello evitar que vuelva a suceder lo ocurrido aquel día. Y así lo anunciaba en Río. Pero sus declaraciones son tan vagas como las que respectan al estado de sus rodillas.
¿Río 2016?
Nadal vuelve a aparecer después de un descanso, y otra vez se vuelve a cuestionar su estado físico. Durante las tres últimas semanas se dejó tratar en su propio domicilio y apenas entrenó. Además, un malestar estomacal también se encargó de dejarlo fuera de combate durante un tiempo. Por todo ello no cabe duda de que Río será un inicio frío, pero al menos sobre su amada tierra. "Vamos a ver cómo nos va", dijo. "Espero poder aguantar." Modestia es quizás lo que más conozcamos de este jugador. Pero es cuando menos se esperaba, cuando el mallorquín volvió sobre las pistas, reanudando su carrera. Un acto ante el que una reacciona una vez más con perplejidad. Como la última vez, cuando estuvo sin disputar un sólo partido durante siete meses y de repente regresó, se posicionó en la final en los primeros nueve encuentros jugados, de los cuales ganó siete. Incluido el French Open. París vuelve a ser el objetivo final de esta temporada, el resto queda como bono. Hace tiempo que el tiempo trabaja en su contra, y eso lo tiene muy presente el 27-añero.
Una esperanza piadosa en el lugar correcto
¿Conseguirá superar a Federer y sus 17 títulos? Fácil ya no será para Nadal, pues la competencia se está preparando y viene pisando fuerte. "No sé cuánto tiempo podré seguir jugando", confesó Rafa Nadal, que está tan cansado de esa pregunta como el helvético. No le faltan la motivación y las ganas de divertirse, así como siente que todavía tiene la suficiente fuerza mental para seguir compitiendo. (Generalmente este es un anuncio con el que los demás deberían empezar a temblar.) En definitiva, Río podría ser uno de esos comienzos de algo grande. Pero que en dos años vuelva a Copacabana para disputar los JJOO es algo que todavía no se puede saber. Nadal tendrá para aquel entonces 30 años. Una edad con la que pocos le siguen viendo sobre las pistas. Aunque el tenista tiene claro que hará lo imposible por estar presente, ya sólo por el simple hecho de que se perdió los juegos del 2012 en Londres. Por el momento suena todo un poco a sueño imposible de realizar pero Río de Janeiro parece un buen lugar para intentarlo.
El
Salón de la Fama
acogerá al fallecido Marco Simoncelli como nueva Leyenda de MotoGP. El italiano
era uno de los pilotos más destacados de la categoría reina antes de perder
trágicamente su vida en un accidente en el año 2011.
Marco Simoncelli será el 21º piloto que entra en el club
de las leyendas del motociclismo. Todo se dará en un acto que tendrá lugar este
año en Mugello (Italia). A partir de entonces, SIC formará parte oficialmente
de un círculo al que ya pertenecen Casey Stoner (último nombrado tras su
retirada), Giacomo Agostini, Mick Doohan, Geoff Duke,
Wayne Gardner, Mike Hailwood, Daijiro Kato, Eddie Lawson, Anton Mang, Angel
Nieto, Wayne Rainey, Phil Read, Jim Redman, Kenny Roberts, Jarno Saarinen,
Kevin Schwantz, Barry Sheene, Freddie Spencer, John Surtees y Carlo Ubbiali.
El piloto italiano corría en las filas del Team Gresini
cuando perdió la vida el 23 de octubre de2011en
la curva 11 del circuito de Sepang. Sufrió una caída tras la que, todavía aferrado a su montura,
fue atropellado porColin EdwardsyValentino
Rosside un modo tan brutal que
incluso su casco salió despedido. Ninguno de los dos pilotos pudo evitarlo. Su
amigo y compatriota le pasó por la cabeza y el cuello, mientras que Edwards le
golpeó en la espalda. Pero tras 45 minutos de reanimación se declaró finalmente
su muerte. El trágico accidente conmocionó a los
fans del motociclismo de todo el mundo.
Simoncelli deslumbró al paddock del Campeonato del Mundo con
su carisma, habilidad y estilo de competición y fue campeón del mundo de
250cc en 2008; un título que estuvo a punto de defender con éxito en
2009. Al llegar a la categoría reina en 2010, su progresión fue rápida y
antes de su prematura muerte había conseguido dos podios en la categoría reina
y dos pole position en una sólida segunda parte de la campaña.
"Hay gente que sueña con el éxito. Otros trabajan para tenerlo." Con esta filosofía consiguió el sueco Magnus Norman hacer del actual número tres del mundo un campeón de Grand Slam.
"King Roger" siempre será "King Roger" para los suizos, otros tenistas y muchos fans de este deporte. Y bajo esta sombra fue sumergiendo poco a poco otro gran tenista suizo de la actual época. Un hombre que a sus 28 años logró ganar la final del Abierto de Australia ni más ni menos que contra un lesionado Rafa Nadal, a pesar de haber sido "el menos favorito" a lo largo de todo el torneo. El suizo consiguió su primer grande de su carrera jugando un tenis fabuloso a pesar de las duras condiciones que este año presentó el evento. Salió en tromba. Un absoluto huracán suizo. Sin ningún rastro de nervios y sin dejarse influenciar por el escenario. 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3, así quedó el resultado de la victoria que le haría convertirse en el número tres del mundo.
Para un hombre, cuyas mayores conquistas se limitaban a torneos ATP 250, la categoría más baja del World Tour, abrazar un Grand Slam supuso una rotura total de costuras. "Nunca esperé ganar un Grand Slam. Nunca soñé con ello, porque no era lo suficiente bueno para abatir a estos tipos", reconocía el helvético a un medio de su país. Pero sucedió, a pesar de que ya todo estaba preparado: Rod Laver, leyenda australiana, estaba entre el público; Pete Sampras, con 14 Grandes, había viajado hasta el torneo para entregar el trofeo al que debería batir su récord, Rafael Nadal.
¿Juego agresivo como llave del éxito?
Wawrinka lleva una racha en la que está jugando con mucha fuerza, y que tampoco se deja desanimar por las derrotas, ya se sabe. La receta de cómo batiría a Nadal, la tenía bien clara: "juego agresivo, sacar con fuerza y rapidez, y procurar tenerle siempre bajo presión." El "suizo del año" era completamente consciente de que no tenía nade que perder y tampoco necesitaba esconderse tras derrotar a Novak Djokovic. Todo lo contrario: creía en sí mismo.
El helvético posee uno de los mejores reveses a una sola mano de todo el circuito pero también se caracteriza por ser un poderoso baseliner capaz de jugar bien en la mayoría de superficies. Su servicio ha llegado a alcanzar los 232 km/h y su debilidad se consideraba su fuerza mental. Consideraba.
"16-3"
Con los años, Stanislas Wawrinka se ha convertido en una persona más fuerte en ese sentido. Prueba de ello es el "16-3". Así le llamaron algunos medios de comuniación helvéticos a su gran logro.
Desde el pasado mes de mayo, Wawrinka ha trabajo junto al que en su día fue número dos del ránking ATP Magnus Norman. Y desde entonces ha alcanzado la primera semi de GS en Nueva York, ganó el primer trofeo importante en Melbourne y pasó de ser número 16 a ser el número 3. Wawrinka no deja lugar a dudas de que estos éxitos también son los de Norman. El sueco, de 37 años, goza de una excelente reputación en el mundo del tenis. Ya en el año 2009 dirigió a su compatriota Robin Söderling a la final del Grand Slam de París; siendo el único jugador que consiguió vencer a Nadal sobre esas arenas. Pero la carrera de Norman se vio eclipsada por problemas de salud. Pronto tuvo que someterse a una cirugía menor en el corazón, a la cual le seguirían varios problemas con las caderas. Fue ya en el 2004, a la edad de 27 años, cuando se vio obligado a abandonar. "Estaba hasta las narices del tenis. No toqué una raqueta durante un año. Dejé de seguir los torneos y me buscaba nuevos amigos." Así que Norman se decidió por estudiar. Economía durante un año en Estocolmo. Hasta que Thomas Johansson decidió traerlo de vuelta al mundo de la pelota amarilla. Ahora puede sin duda presumir de ser el entrenador del vencedor de Australia, quien bromeaba esta mañana con tirar el trofeo al río.
"Necesito tiempo para darme cuenta de lo logrado en las últimas dos semanas. Porque al final, incluso si Rafa estaba lesionado, creo que merezco este Grand Slam porque gané ante Djokovic, número 2, y Rafa, número 1. Jugué el mejor tenis de mi vida", reconoce Stanislas Wawrinka.
Hay veces que los pronósticos se hunden en arenas movedizas. Esas que poco contemplan las probabilidades, los rankings y el análisis previo. Cuando el deporte escapa al razonamiento y las epopeyas se vuelven realidad. Cuando no hay forma de entender lo que pasó. He aquí la historia de un croata que a los 30 años salió por primera vez campeón de un Grand Slam, con “wild-card”. Nombre del héroe: Goran Ivanisevic. Torneo: Wimbledon 2001.
“No podía concluir de otra forma. Tuvo que intervenir incluso la naturaleza, con su lluvia providencial para sacarlo de apuros en su partido contra el británico Tim Henman”, escribe el enviado especial de la BBC a Wimbledon, Roberto Nappo, en el año 2001. “Y luego, para que el cierre de este episodio, que quedará muy vivo en el recuerdo de los aficionados al tenis, tuviera lugar en uno de los excepcionales "lunes populares".
El tenis tiene esos cajones históricos que guardan hazañas, como la de Michael Chang, el estadounidense campeón del Roland Garros 1989 con tan solo 17 años. Muy cerca de esa gloria, en ese archivo especial de logros impensados, se encuentra el Wimbledon 2001 obtenido por Ivanisevic. El controvertido croata, conocido por romper raquetas, su potente saque y no llegar a etapas decisivas en Grand Slams, reventó las apuestas en una mágica final que tuvo como digno perdedor al australiano Patrick Rafter.
Goran se encontraba en la posición Nº125 del ránking, lo que le impedía jugar por si solo el torneo de Wimbledon. Dado su pasado como triple finalista de esta competencia (1992, 1994 y 1998), los organizadores del torneo decidieron otorgarle una invitación o “wild card” para jugar el torneo. Ante todos los pronósticos se las arregló para avanzar todo el cuadro hasta la final.
Esta era la primera final de Ivanisevic desde aquella en Wimbledon de 1998. Ya antes del inicio del encuentro, en una atmósfera que superó con creces la que se produce con motivo de los enfrentamientos por la Copa Davis, los duelos de coros y estribillos preanunciaron que éste iba a ser un día completamente fuera de lo común en Wimbledon.
"El problema conmigo es que cada partido lo juego ante 5 rivales: el juez de silla, el público, los recogepelotas, la cancha y yo mismo", era una de las cosas que solía decir el croata. "Cada vez que juego pueden surgir en mí tres jugadores: el 'Goran bueno', el 'Goran malo' y el 'Goran desquiciado”. Y ese día surgió el ‘Goran ganador’.
“Pudo haber sido para cualquiera de los dos. Luego de estar igualados en dos sets cada uno, Rafter estuvo a sólo dos puntos de la victoria, al sacar Ivanisevic en desventaja de 6 a 5 en el quinto set, y colocarse 30 a 30”, dijo Robert Nappo. La hierba londinense quedó amarilla luego de las tres horas de partido, hasta que recién en el quinto set un error no forzado de Pat convirtió a Ivanisevic en el hombre más feliz del mundo. Fue uno de los mejores duelos definitorios que existieron en el tenis, y no decir en Wimbledon.
Claro está que esto no estaba previsto por los fervientes espectadores de ambos bandos. No obstante, como en una mega-final que a todo tenófilo le gustaría presenciar, las ventajas se sacaron sobre el final, cuando el tie-break del último set hizo "crack" en un 9-7.
Rafter anhelaba con ganar su primer Wimbledon y no dio una pelota por perdida; hasta levantó tres match point en el último set. Pero el croata, de potente saque, sacó fuerza de abajo de la tierra y encontró lo que buscaba: el error del rival. Este logro para Ivanisevic significó mucho más que ganar un Grand Slam. Fue un desafío cumplido en una edad avanzada para cualquier tenista. Fue un sueño hecho realidad tras varios años del eclipse Pete Sampras.
Con este marco fabuloso, inimaginable en la "catedral del tenis", él mismo, con el trofeo en sus manos, dedicó la victoria a su mejor amigo, el jugador de la NBA Drazen Petrovic, que murió en un accidente de automóvil en 1993: "si me estás viendo, descansa en paz".
Arrastrando el pasado
Pero no mucho antes de que esto sucediera, Goran Ivanisevic pensó en abandonar definitivamente este deporte. Al perder la tercera final -y segunda ante Sampras-, había dicho incluso: "me quiero suicidar". Y fueron los problemas en su hombro los que le hicieron perder varios puestos en el ranking.
«Primero jugaba para ganar dinero que permitiese a mi hermana Srdjana enfrentarse al cáncer, después lo hice por mi país y ahora, por fin, estoy jugando para mí mismo», manifestó en Londres, en el curso de la gesta que lo llevaría a conquistar el torneo partiendo de una invitación.
Conocido en el circuito por su fuerte juego de ataque y por sus impiadosos servicios de más de 200 km/h, en 1991 perdió en la segunda ronda de Wimbledon y generaría controversia no sólo al expresar sus fuerte sentimiento patriótico croata durante el período de separación de Yugoslavia.
En 1992 alcanzó su primera final de Wimbledon ante Andre Agassi, siendo los dos estrellas en ascenso, buscando su primer título de Grand Slam. Ese año Goran lograría las medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona tanto en individuales como en dobles para la recién formada nación de Croacia. Ese año logró 4 títulos y fue el primer deportista que paseó la bandera croata.
En 1994, a pesar de perder su segunda final de Wimbledon, fue el año en el que alcanzó el puesto número 2 en el ranking ATP.
En 1995 ganó la Grand Slam Cup al derrotar en la final a Todd Martin y llegaría a las semifinales de Wimbledon perdiendo ante Pete Sampras.
En 1996 logró 5 títulos y alcanzó de nuevo la final de la Grand Slam Cup, esta vez perdiendo ante Boris Becker. Además, alcanzaría por primera vez las semifinales de un Grand Slam que no sea Wimbledon, perdiendo ante Pete Sampras en el US Open en 4 sets.
En 1998 alcanzó su tercer final de Wimbledon. Eran muchos, incluso los especialistas, los que opinaban que Goran Ivanisevic debía haber ganado alguna vez Wimbledon.
En 1999 alcanzó la final de dobles de Roland Garros (con Jeff Tarango) pero una lesión en el hombro haría que empezara a tambalear en el circuito perdiendo varias posiciones durante los años 1999, 2000 y 2001. Una lesión que le hizo retirarse temporalmente a finales de ese año 2001. Volvió al tenis en 2004 pero luego de su caída en la tercera ronda de Wimbledon ante Lleyton Hewitt se retiró definitivamente.
Luego de su último partido como tenista, demostró su lado croata, poniéndose una camiseta de fútbol de su selección y diciendo que no le importaba perder porque ahora podría ver ganar a su país contra Inglaterra en la Eurocopa de fútbol (lo que no sucedió).
El revés a una mano: el golpe elegante por excelencia en peligro de extinción. Es una reliquia en cualquier circuito, un golpe heredado de tiempos arcanos, cuando el tenis no estaba sometido a las normas de la potencia. Estética, colocación y precisión se funden en un mismo tiro, que muy pocos jugadores aún conservan en su repertorio. Roger Federer, Richard Gasquet, Nicolás Almargo o Stanislas Wawrinka son algunos de los "clásicos" del revés.
En los tiempos del blanco y negro, la elegancia se traducía a golpe de revés. La diagonal que trazaba la raqueta, de abajo hacia arriba, daba vida a uno de los tiros más bellos de este deporte: el revés a una mano. Desde el australiano Rod Laver, pasando por otros mitos como McEnroe o Boris Becker, hasta Pete Sampras. La saga de grandes jugadores que hicieron apología de este golpe es interminable. Pero el tenis cambió.
La búsqueda del toque perfecto y la colocación dio lugar a la potencia. Las nuevas generaciones apenas emplean el revés a una mano. Sólo en determinados momentos del juego, como recurso para "cortar" la bola. Aquellos que conservan la esencia y la tradición de los clásicos en el circuito hoy en día se pueden contar con los dedos de la mano.
Roger Federer, Richard Gasquet, Nicolás Almargo, Stanislas Wawrinka, Mikhail Youznhy, Tommy Haas, Philipp Kohlschreiber o Grigor dimitrov aún mantienen el revés a una mano en todas sus variedades y todos, salvo el búlgaro, superan los 27 años. Y es que entre los jóvenes talentos que están irrumpiendo en la élite de la ATP, todos empuñan el golpe con la "cara b" de su raqueta con ambas manos, salvo Dimitrov.
Una explicación parece esconderse detrás de esta evolución en la forma de ejecutar el revés. ¿Por qué se pasa de una mano a dos? En primer lugar, por la potencia que impera en el ciruito. "Supongo que la mayoría de jugadores ahora aprenden a ejecutarlo a dos manos. El juego ha evolucionado tanto hacia la fuerza que es importante tener esa potencia y ese control también en el lado del revés", reconocía Gasquet en una entrevista.
En esta misma línea, otro de los grandes maestros del revés a una mano, Stanislas Wawrinka, explicaba: "Es un poco de la vieja escuela y no demasiados profesionales lo enseñan ya. En estos momentos se impone la potencia".
Además, otro de los motivos que sustentan esta evolución es la temprana edad con la que los jugadores empiezan a practicar el tenis y la falta de fuerza para golpear el revés obliga a empuñar la raqueta con las dos manos.
Lo cierto es que los profesores de clubes y academias trabajan para que los más jóvenes puedan elegir su revés, empleando pelotas sin presión durante los entrenamientos que requieran menos fuerza. (Yo fui una de esas personas que daban a escoger la forma de realizar el revés. Al fin y al cabo el 'swing' debe ser natural. Además, será por la escuela suiza o porque mi profesor era precisamente un veterano, pero yo también soy de las personas que prefieren y hacen el revés a una mano).
Pero, visto lo visto en el circuito profesional, si algo queda claro es que el revés a una mano está en peligro de extinción. Sólo queda el recuerdo difuso de "los Clásicos".
Hablando del revés a dos manos: Murray
No hay mejor momento que este para hablar del revés de otro de los grandes del tenis actual. Un revés a dos manos que a Andy Murray le sirve de ayuda muchas veces para salir de situaciones adversas increíbles.
El revés del escocés es uno de los mejores del circuito junto al de Nole Djokovic. Su técnica es muy correcta y lo juega con mucha soltura y facilidad, a parte de tener una gran confianza en este golpe.
Algo que llama mucha la atención de este golpe en manos de Murray es la empuñadura. Pues si nos fijamos, la empuñadura de la mano derecha es "martillo". En este caso es muy importante la utilización de la mano izquierda para poder dar el efecto "liftado".
Andy es un gran jugador en los peloteos de fondo, gran defensor, buen contraataque y buen restador. Con si revés puede hacerlo todo. En el "rally" es capaz de cambiar direcciones con una gran facilidad; su revés paralelo es un ejemplo de coordinación y buena técnica.
En los intercambios puede cambiar los ritmos no sólo por velocidad, si no cuando va a buscar la bola antes, y lo hace con una preparación más corta buscando la bola arriba. Cuando resta también puede dar un paso hacia adelante y entrar para dominar el punto. Además, podemos decir que consigue hacer muy buenos "passing shots", ya que hasta el último momento no se sabe qué dirección le dará a la pelota. En otras palabras: un genio escondiendo el golpe.
Cuatro pasos son los que definen el revés a dos manos del escocés: preparación, punto de impacto, transferencia y terminación.
- En la preparación del golpe destaca su espalda recta y la gran rotación de sus hombros, cabeza de la raqueta a la altura de los mismos con sus brazos estirados que no permiten intuir la dirección que quiere dar al golpe.
- En el punto de impacto es muy bueno. Las manos avanzan hacia la bola con la muñeca derecha relajada.
- En la transferencia, el hombro izquierdo va avanzando con la bola, parece que fuera un "drive" de un jugador zurdo. La pierna derecha, mientras, va subiendo con la bola y la izquierda es la que toma el relevo, buscando un apoyo mejor.
- La terminación de su revés la realiza con sus manos cerca de su hombro derecho y las manos relajadas. No es tanto un golpe ejecutado de abajo hacia arriba, sino más lineal a través de su cuerpo.
En la página MoiCeleste, dedicada a las noticias del mundo del Celta, publicaron en su día un artículo que me pareció tremendamente bueno, sincero y verdadero. Por ello, os lo dejo aquí también. Espero que disfrutéis de él.
La Liga BBVA, mundialmente conocida como La Liga, todavía llamada Liga de las Estrellas y otrora considerada como “La mejor liga del mundo”, se está muriendo. Camina hacia la mediocridad empujada por una gestión paupérrima, desastrosa, ofensiva contra el aficionado y contemplativa con todos aquellos que buscan el interés particular a costa del fin último: el fútbol. Se agarra al poderío de sus dos trasatlánticos, cada vez más poderosos en el interior y menos invencibles en el exterior, para justificar un modelo tan injusto como dañino para el espectáculo. Lo hace sin darse cuenta de su pérdida paulatina de atractivo, de su continua decadencia y de la progresiva fuga de talentos que se produce con cada vez mayor asiduidad a la llegada del verano.
Anteayer trascendía la noticia, aventurada por muchos desde hace tiempo, de que Iago Aspas hará las maletas con dirección Liverpool en los próximos días. En la ribera del Mersey, el futbolista moañés, por el que el club inglés pagará alrededor de 9 millones de euros al Celta, ingresará cerca de 1’5 millones por temporada.
Unas cifras, tanto las salariales como las del traspaso en sí, a las que no ha podido acercarse el Valencia, la entidad nacional que mayor interés mostró por el jugador del Morrazo. Un equipo que no disputará Champions este año –como tampoco el conjunto red, que ni siquiera jugará la Europa League-, pero que en las últimas campañas se había consolidado como el tercer club del panorama futbolístico español. No en vano, fue el último capaz de romper la hegemonía de Real Madrid y Barcelona, la cual se mantiene inalterable desde el año 2004. Su situación económica es tan delicada que no sólo se ha visto obligado a renunciar a Aspas, sino que verano tras verano está abocado a desprenderse de sus estrellas para cuadrar las cuentas. Albiol, Villa, Silva, Joaquín, Mata o Jordi Alba ya tuvieron que abandonar Mestalla. El siguiente, tarde o temprano, será Roberto Soldado. Casi todos con dirección Madrid, Barcelona o el extranjero. Otras opciones son inviables.
Pero la pérdida de jugadores franquicia no es algo que suceda única y exclusivamente a orillas del Turia. El Atlético de Madrid, recién recuperada su condición de tercer equipo de España, no disfrutará más de los goles de Radamel Falcao, quien abandona el club colchonero para marcharse al recién ascendido Mónaco. Un poco más abajo en la clasificación, encontramos a un Málaga que, tal y como hizo un año atrás con Cazorla, deberá desprenderse de su gran estrella, Isco, seducido por el proyecto del Manchester City. Conjunto al que también se marcha Jesús Navas, el referente de un Sevilla en peligro de perder a su otro estilete, Álvaro Negredo. No serán los únicos que harán las maletas. También Fernando Llorente, hace no mucho estrella del Athletic Club de Bilbao y que este año firmará con la Juventus, tal y como hizo el curso pasado Javi Martínez con el Bayern de Munich.
Ejemplos más modestos son los de Iago Aspas en el Celta o Martins en el Levante, quien ni esperó al final de temporada para cambiarse de liga. Lo mismo puede pasar en el Valladolid con Ebert, en el Espanyol con Verdú, en el Osasuna con Andrés Fernández, en el Rayo Vallecano con Piti o en la exitosa Real Sociedad con cualquiera de sus prometedoras figuras. La gran mayoría de los conjuntos que al año próximo disputarán la Liga BBVA perderán muy posiblemente a sus jugadores franquicia al no poder retenerlos, los cuales en muchos casos terminarán jugando en campeonatos foráneos. Todo esto, mientras el Barcelona desembolsa cerca de 60 millones de euros para traer al mejor jugador del momento fuera de Europa y el Real Madrid estudia la posibilidad de incorporar al futbolista más destacado de la Premier League. El resultado será el de los últimos diez años: una competición bicefálica en la que sólo dos escuadras pelearán por el título mientras las otras dieciocho se conformarán con las migajas. Se nos venderá de nuevo como “la mejor liga del mundo”, pero posiblemente en esta ocasión sean menos los ignorantes que se lo crean. Cada vez resulta más evidente que la competición se muere devorada por sus dos gigantes, capaces de fracasar un año y malgastar cifras astronómicas en el mercado para arreglarlo al siguiente. Todos aquellos cracks que no son del agrado de blancos y azulgranas huyen hacia el exterior en busca del dinero y la competitividad que aquí no existe. Escapan de una Liga en la que dieciocho equipos se reparten entre sí el 50% de los derechos televisivos mientras la otra mitad se sube al puente aéreo, en la que unos están obligados a jugar un lunes a las 11 de la noche y otros sólo lo hacen entresemana cuando interesa, en la que un equipo es capaz de hacer 76 puntos en su mejor temporada en los últimos quince años y otro consigue 85 dejándose llevar desde enero, en las que la salvación se logra con 37 puntos y el campeonato con 100. Esa liga no es la escocesa, es la nuestra, y se está muriendo.
Hace unos días arrancó la temporada de tenis sobre césped. Tan sólo son cinco semanas al año en las que predomina el color verde y donde todas las miradas apuntan a un mismo objetivo, el torneo más prestigioso del mundo: Wimbledon.
El tenis, en sus orígenes, comenzó a jugarse sobre hierba. Hoy en día es la superficie menos usada en los torneos. Su elevado coste y la laboriosa manutención hacen que tan solo se pueda disfrutar del tenis sobre hierba durante poco más de un mes en toda la temporada.
Este es uno de los motivos por los que muchos jugadores tienen dificultades para adaptarse a esta rápida superficie. Además entre Roland Garros y Wimbledon hay apenas tres semanas de diferencia, con lo que la preparación para el Grand Slam londinense es corta.
Puntos a tener en cuenta - En la hierba los botes son muchos más bajos que en otras superficies. La pelota no bota con altura sino que se desliza, resbala. La velocidad se incrementa notoriamente. - Estos botes tan bajos producen que muchas de los impactos entre raqueta y pelota se produzcan por debajo de la altura de la cintura. Al estar tan pegadas al suelo se tiene que tener un gran juego de piernas y flexionar mucho las rodillas para ejecutar el golpe correctamente.
- Los puntos suelen ser mucho más cortos, ya que el esfuerzo de mantener en juego la bola es mucho mayor. - Las pistas se van desgastando con el correr de los días y con la cantidad de partidos que tienen encima. Esto provoca que la superficie vaya siendo más irregular a medida que avanza el torneo. El césped no está igual en todos los rincones de la pista y pueden producirse botes malos. De esta manera es necesario que el jugador vaya ajustando bien sus movimientos y rectificando golpes según el bote de la bola. Ardua tarea para los tenistas. - La hierba es la superficie idónea para los buenos sacadores y así lo ha sido a lo largo de la historia. Bien es cierto que en estos últimos años las pistas se han ralentizado y se pueden observar largos peloteos y botes más altos, pero el saque sigue siendo un arma fundamental. Se aprovecha la velocidad de la pista y la manera que resbala la pelota para utilizar mucho los efectos, sobre todo el cortado. Cuesta mucho devolver el saque en el césped.
- Se utiliza mucho el revés cortado (el ‘slice’). Es un arma muy peligrosa ya que sirve para defenderse pero también puede ser un golpe muy agresivo y que permita subir a la red. Como hemos visto anteriormente, al botar muy baja la bola y resbalar por la pista, el cortado es un golpe predilecto en la hierba ya que es difícil contrarrestarlo. - Con el calzado adecuado para césped se puede deslizar en la pista casi de la misma manera que en tierra batida. Ahora bien, a diferencia de las canchas de polvo de ladrillo o cemento, es imposible jugar si hay llovizna o la pista está mojada: se pone demasiado resbaladiza y, por lo tanto, aumenta el riesgo de lesiones. Aquí os dejo unos vídeos muy buenos de lo que es este GRAN torneo. Sin lugar a duda, un espectáculo del que se puede disfrutar de una manera muy peculiar.